


Viernes 2 de diciembre de 16 a 17.30 Hs
Muestra de los participantes del Taller de Fotografía 2011
En CIDAC – Barracas
Suárez y Lafayette- Capital Federal
Facultad de Filosofía y Letras
UBA -SEUBE - CIDAC















Me tocó comenzar el juego y para la primera imagen elegí una foto que
me inquieta, que me llama la atención.
Fuerzas que se encuentran, fusión, inicio, nacimiento, expansión.
La vida que se pone en movimiento. Incertidumbre.
La foto de Lau, la sensación de fuego, la necesidad de luz clara, de refrescar lo enmarañado…
En la foto que me envío Natalia vi madera y metal, naturaleza y producción humana. A partir de esa primera mirada para hacer mi foto me propuse dialogar con esa imagen (y con la autora) y a la vez con el próximo compañero de la serie: Alejandro.
Me dirigí entonces a Plaza Lavalle con la esperanza de encontrar los elementos de la foto de Natalia y algo de lo que conozco de Alejandro.
Encontré una instalación que representaba una orquesta, donde los atriles de metal estaban cubiertos de pasto, una especie de ecología musical, metal y pasto, naturaleza y producción, hacían un guiño hacia la foto de Natalia.
Así me dispongo a hacer la foto, cerca había una familia tomando mate, disfrutando del otoño porteño. Mientras enfocaba escucho que una chica de la familia me dice: don, don, me saca, fue como un guiño hacia las fotos que conocía de Alejandro, de gente por la ciudad. Así que le dije a la chica dale, y vi que la imagen dialogaba con Natalia y Alejandro, uno dispone y la realidad decide en forma más feliz.
Atriles con pasto seco, un parque desierto, la pared de edificios al fondo, esta foto estaba pensada para esto, se puede intuir.
El rostro desenfocado de la niña, la campera marrón desalineada, la sonrisa triste de un gamín.
Ella se apresuro a quedar inmortalizada, sintió, de repente, la posibilidad de ser visible en una ciudad donde todos son ciegos.
Si no fuera por ella, hubiera elegido la foto de un desierto con paredes de arena, pero irremediablemente, al ver la imagen que me pasa Roberto un escalofrió me aviso que estamos en una época del año donde la melancolía juega de local y termino ganándome la partida.
Recurrí al recurso más intimo, me acerque a conversar con aquel árbol que todos los otoños me regala el placer de verlo desvestirse de ocre.
Con mucha expectativa espere la foto que Ale me enviaría, al recibirla sentí una alegría que mezclaba la emoción del ejercicio mismo y la placidez que me transmitía esa hoja. Pase por un momento de comunión con el mundo e hice algunas imágenes que no me convencieron pero me hicieron pensar en el mantra “om” y entonces una cosa siguió a la otra. Nublado, lluvia, sol, nacer, estar, vivir, la hoja, vida. La palabra del ejercicio es “vida”. Llegue a Venus, nuestra gata que nos acompaña, nos da amor y en ella cada día cuenta. La mirada va hacia su interior y hacia el mió mismo y tal vez lleve a Ariel al mundo real…
Cuando me llegó la imagen del retrato de Venus note, naturalmente, que estaba mirando algo más que el registro de “verdad” propuesto por la propia realidad fotográfica. Era algo así como esas sensaciones que intentan dejar, por ejemplo, algunas canciones o algunos poemas. Comprendí así la mirada de Andrea y con ese algo “metafórico” desde mi ventana a la calle, me puse a ver, a escuchar en silencio, a pensar la foto para enviar y en un momento dije: “pero si ahí va”. Entonces, de repente, todo se armó: los autos, el frío, la llovizna, la mujer, su paraguas, los reflejos, las formas, los colores, la luz.
Había llegado a la foto que sería para Florencia por esa cosa genial del azar de la vida. Luego del “click” la imagen simplemente había aparecido.
"La realidad esparce claves para ser entendida o violada"... decía Carlos Gorriarena. En el intento de interpretar esas claves que arrojaba la realidad de Ariel, plasmada en su imagen, encontré palabras y sensaciones. Un gato, lo cotidiano, su lugar, la mirada, el voyeur. Luego de varios intentos, decidí subir a la terraza utilizando un mismo punto de vista en sentido literal, y ofrecer desde lo cotidiano, una paleta de colores que alegrara el mirar de Paz, quien recibiría la imagen. Así, disfruté de espiar a mi vecina Enriqueta mientras barría las hojas crujientes del otoño que inundaban mi nueva vereda. Una forma de celebrar esta etapa de la vida (la de ella, la mia y la de todos).
La imagen de Ramón me habla de la vida HOY.
Redes: comunicación, conección, velocidad.
Una sensacion de ruido constante que invade y te lleva.
Mi intención fue sumergirme en él, dejarme arrastrar,
viajar, con la ilusión de llegar al otro lado.
Y ahí... silencio.
Y volver a empezar...